Crack 1929, La Gran Depresión, Los felices años 20, Primera Guerra Mundial, Segunda Guerra Mundial.

El Crack de 1929

 

El 24 de octubre de 1929 comenzó una quiebra del mercado de valores de Nueva York, nunca vista anteriormente,  la cual provocó un prolongado período de deflación. La crisis se trasladó rápidamente al conjunto de la economía estadounidense, europea y de otras áreas del mundo y una de sus consecuencias más inmediatas fue el colapso del sistema de pagos internacionales.

 

 

El Crack del 29​ fue la más devastadora caída del mercado de valores en la historia de la Bolsa en Estados Unidos, tomando en consideración el alcance global y la larga duración de sus secuelas y que dio lugar a la Crisis de 1929 también conocida como La Gran Depresión. Se suelen nombrar tres días para describir este derrumbe de las acciones: “Jueves Negro, Lunes Negro y Martes Negro”. Todos ellos son de gran importancia, dado que el crac no fue un hecho de un solo día. La caída inicial ocurrió el “Jueves Negro” (24 de octubre de 1929), pero fue el catastrófico deterioro del “Lunes Negro” y el “Martes Negro” (28 y 29 de octubre de 1929) el que precipitó la expansión del pánico y el comienzo de consecuencias sin precedentes y de largo plazo para los Estados Unidos.

 

En Norteamérica, el crac coincidió con el comienzo de la Gran Depresión, un periodo de declive económico en las naciones industrializadas el cual llevó al establecimiento de reformas financieras y nuevas regulaciones. La crisis del 29 ha sido la mayor crisis económica a la que se ha enfrentado el “intervencionismo” como sistema y que sin duda alguna fue motivado por la manipulación de la oferta monetaria por parte de la reserva federal, después de ser privatizada por el presidente Woodrow Wilson (1913/1914) y claramente por el abandono del patrón oro como sistema para determinar el valor de la unidad monetaria.

 

 

Antecedentes

 

Los años difíciles de la Posguerra (1919-1924)

 

En la inmediata posguerra el sistema capitalista tenía que redefinirse de acuerdo con las nuevas circunstancias: La hegemonía norteamericana y la revolución socialista en Rusia.

 

Hasta entonces los países ricos (Francia, Inglaterra y Alemania) importaban más que exportaban aunque compensaban el déficit de la balanza comercial con los intereses de los créditos dados a los países menos ricos, productores de materias primas.

 

La situación permitía un equilibrio económico, ya que los no industrializados podían vender a los industrializados las materias primas y, con ello, pagar sus deudas y obtener divisas para comprar los productos manufacturados y de consumo que necesitaban.

 

 

Tras la guerra, los Estados Unidos se negaron a desarrollar la misma política económica y cerraron sus fronteras a los productos europeos, impidiendo de esa forma a los países deudores obtener dólares con que pagar sus deudas. El equilibrio se rompe. El oro fluye hacia Norteamérica y los capitales americanos se invierten en Europa, pero sin que ello permita una recuperación de la economía europea.

 

Se creía que, al igual que antes de la guerra, los países fuertes tenían que tener una moneda estable y todas las naciones se afanaban por conseguirlo volviendo al patrón oro. Sin embargo, las nuevas circunstancias lo hacían difícil.

 

En 1920 se registra una primera crisis, que hace aparecer el paro en países que habían perdido una gran cantidad de hombres en la guerra. Las causas son complejas y se han apuntado, entre otras:

  • Las barreras aduaneras surgidas en Europa con la aparición de nuevos países, que entorpecían el comercio.
  • La carga que para Alemania suponían las reparaciones de guerra, que repercutían en el equilibrio económico europeo, y el desorden monetario que había favorecido la especulación.
  • El hundimiento del comercio internacional, que se produce cuando algunos países dejan de comprar al agotárseles las reservas y, otros, al no necesitar comprar ya más por tener sus necesidades satisfechas.
  • El Tesoro norteamericano no concedía préstamos ni anuló las deudas de guerra, en una política claramente deflacionaria.

 

Las soluciones adoptadas para salir de la crisis fueron dispares: Unos países siguieron con medidas inflacionistas, como Alemania y Francia, cuyas economías, aún débiles, no les permitían tomar otras soluciones y dejaron que la inflación aumentara.

En el caso de Estados Unidos e Inglaterra decidieron controlar la situación con medidas deflacionarias, estas se tradujeron en un descenso de la producción y en un aumento del número de parados.

 

 

Los felices años 20 (1924-1929)

 

En 1924 la crisis se da por superada y se entra en una fase de euforia económica. Algunos países vuelven a la paridad oro, como Inglaterra, en 1926. Otros, como Francia, estabilizan su moneda, consiguiendo con eso, al menos, crear un clima de confianza en el país.

 

 

Los índices de producción alcanzan los niveles de 1913. En Alemania se experimenta una cierta recuperación económica, acompañada de una revisión de las reparaciones de guerra. La coyuntura económica favorable repercute en las relaciones internacionales, y la armonía entre los países beneficia la marcha de la economía. Nadie parecía encontrar preocupante que los precios agrarios hubieran entrado en una depresión de la que ya no saldrían hasta 1929. Al mismo tiempo los dólares americanos invaden Europa en busca de todo el que necesite crédito.

 

Junto con sus capitales, Norteamérica exporta también su estilo de vida.

 

Pero desde la perspectiva actual es posible ver una serie de sombras sobre ese panorama en apariencia brillante. En primer lugar, la recuperación no afectó de la misma forma a todos los países.

 

 

Causas de la Gran Depresión

 

Las explicaciones de las causas de la crisis son variadas y complejas. Han sido muchas las posturas tomadas por los especialistas en la elaboración de hipótesis para establecer las causas que produjeron la gran depresión de los años treinta. Las más consensuadas son:

 

 

La Sobreproducción

 

La producción supera las necesidades reales de consumo a partir de 1925, sobre todo en los Estados Unidos, donde los Stocks aumentaban conforme se reconstruían las economías europeas.

 

 

Las causas de la sobreproducción fueron:

  • Distribución desigual de las rentas, que lleva implícita la limitación del consumo a las capas sociales más ricas, que en la mayor parte de los países era la menos numerosa. En los Estados Unidos se estima que el 5 por 100 de la población recibía la tercera parte de la renta nacional.
  • Mantenimiento de precios de monopolio, que obligaba a la existencia de grandes cantidades de stocks sin vender, al comprometerse los fabricantes a mantener unos precios pactados de antemano.
  • Desfase entre precios agrícolas e industriales: los primeros crecen más lentamente que los segundos y hacen disminuir, por tanto, el poder adquisitivo de los campesinos, quienes a su vez son una importante clientela de la industria.

 

 

La Desigual Recuperación Económica

 

A partir de 1924 se produce una tendencia al alza en la economía mundial, favorecida por el buen clima político. Aunque puede afirmarse que únicamente los Estados Unidos tuvieron una clara recuperación, basada en la expansión del consumo de masas de dos nuevos sectores: los electrodomésticos y el automóvil. El resto de países capitalistas, experimentaron tan solo una relativa recuperación.

 

A la vez aparecen, signos de desequilibrios económicos: por un lado, hay un estancamiento de sectores industriales tradicionales, como el ferrocarril, la siderurgia, el algodón y el carbón, pero por otro lado, la agricultura sufrió una crisis traducida en la acumulación de stocks ,debido al aumento de la producción mundial, al recuperarse la agricultura en los países destrozados por la guerra, lo que conllevó al descenso de los precios. Finalmente, hay que hablar de una disminución del comercio a causa de las medidas proteccionistas norteamericanas y europeas a partir de 1922.

 

 

La Especulación

 

La principal causa del crack de la Bolsa de Nueva York fue la especulación.

 

Eran tiempos felices de alto consumismo y Estados Unidos era visto como la tierra prometida, una sociedad rica y opulenta. Este clima de confianza fue lo que hizo que gran parte de la población comprara acciones de las empresas industriales, siendo Wall Street el centro de la economía mundial, donde llegaban capitales de todas las partes del mundo. Debido a que el resto del mundo no estaba en la misma situación de bonanza económica que Estados Unidos, el país no podía colocar toda su producción industrial. Esto hizo que crecieran los stocks y, por consiguiente, que cayeran los precios de los productos acumulados.

 

Hasta finales de 1929, la compra de acciones creció cerca de un 90%. La especulación financiera hacia ganar dinero rápidamente y las acciones estaban sobrevaloradas. La gente llegaba a pedir créditos a los bancos para comprar en bolsa, puesto que los beneficios pagaban fácilmente los intereses bancarios. Se había pasado de una prosperidad basada en el desarrollo industrial a una basada puramente en la especulación.

 

 

En 1928 comienzan a notarse los síntomas de una economía en peligro: los ingresos de la población no permiten seguir aumentando el consumo, los almacenes se llenan de mercancías que no pueden ser vendidas y aumentan los despidos. Ajena a esta realidad, la bolsa sigue creciendo. No existe relación entre el valor de una acción y el estado de la empresa; la gran demanda por parte de los especuladores hace que el valor de las acciones siga subiendo.

 

La especulación, sin relación con la actividad económica real, se vio favorecida por distintos motivos:

  • La inflación monetaria, que dio como resultado una política de dinero barato y facilidad de créditos.
  • La estructura bancaria, que estaba formada por múltiples y pequeños bancos, cuya supervivencia financiera dependía del alza de los valores de bolsa. Prestaban casi siempre a corto plazo con un interés del 12 por 100, cuando ellos obtenían créditos de la “Federal Reserve” al 5 por 100. El negocio era bueno, pero los bancos dependían mucho de la especulación bursátil y contribuían al alza de los valores. Además no existía control estatal ninguno sobre los bancos.
  • La psicología de las masas, convencidas de que el sistema era infalible, alentadas, por capitalistas sin escrúpulos y políticos que no sabían o no querían acabar con ese estado de cosas.

 

 

Los Años de Depresión. Su extensión Geográfica

 

La bancarrota dio al traste con la capacidad adquisitiva de los consumidores, con las inversiones en los negocios y con la solvencia de los bancos y de las empresas. Después de la Gran Crack, vino la Gran Depresión. En 1933 casi la cuarta parte de todos los trabajadores norteamericanos estaban sin empleo. Quebraron unos nueve mil bancos. En junio de 1930, las cosas iban de mal en peor.

 

 

La Extensión de la Crisis

 

El peso de la economía de los Estados Unidos en el resto del mundo hizo que la crisis se extendiera a partir de 1931.

Los norteamericanos se vieron obligados a repatriar capitales, lo que motivó quiebras bancarias en Alemania y Austria y tensiones en la economía británica. La caída de precios norteamericanos obligó a los países europeos a rebajar los suyos para hacerlos competitivos y dar salida a sus stocks. Pero el descenso del poder de compra de los Estados Unidos y su posterior proteccionismo cerraron aún más el mercado mundial.

 

 

En Europa, y en general en el mundo, la crisis fue similar a la americana: desplome de las cotizaciones de Bolsa, descenso de los precios, sobretodo los agrícolas, caída de los créditos y de las inversiones, hundimiento de la producción industrial y aumento del paro.

 

  • En Alemania, el crecimiento de los años veinte se debía a los préstamos exteriores de los Estados Unidos. La crisis del 29 hizo que los capitales se fueran retirando de Alemania, lo que produjo la reducción de la inversión y, por consiguiente, de la producción industrial en cerca de 58%. El paro afectó a más de 6 millones de trabajadores y la agricultura quedó al borde del colapso. Ante esta situación el gobierno descartó la devaluación por temor a una nueva inflación y escogió la deflación.
  • En Francia la crisis afectó a partir de 1931, año en que las exportaciones descendieron a la cuarta parte. El desempleo no llegó a alcanzar las altas cotas de Inglaterra y Alemania, gracias a la marcha de muchos emigrantes que habían llegado en los años anteriores y a la reducción del número de horas de trabajo. El descenso de los precios permitió a los trabajadores industriales mantener el poder adquisitivo, aunque sus salarios bajasen, pero las rentas de los que vivían de la agricultura se vieron drásticamente reducidas. El gobierno optó por aplicar una política deflacionaria.
  • Después de 1929 Inglaterra sufrió el impacto de la crisis mundial, y las exportaciones, que ya estaban estancadas, se vieron más afectadas debido a la contracción de la demanda en el mundo entero. Pero a pesar de este estancamiento económico, que mantuvo e incluso aumentó el paro, Inglaterra no vio alterarse demasiado la situación política y social.
  • En España la crisis paralizó las obras públicas emprendidas por la dictadura de Primo de Rivera, provocando una disminución de la producción y, posteriormente, el cambio político, con la llegada de la República acentuó la crisis a causa de la fuga de capitales.
  • En las economías dependientes, esto es, en las áreas coloniales con dependencia directa de las metrópolis y en los países políticamente independientes pero de gran dependencia neocolonial, la crisis de los años treinta tuvo una gran repercusión. Los intercambios coloniales (materias primas por productos manufacturados) se hunden al disminuir el consumo en las grandes potencias, y surge el problema de la sobreproducción. Las políticas proteccionistas y la repatriación de capitales contribuyen a ensombrecer más el panorama en esas zonas. Iberoamérica, por su gran dependencia de la economía de Estados Unidos es la que sufre con mayor fuerza la repercusión de la crisis. El deterioro de la situación económica llevó la inestabilidad política a Cuba, Brasil, Uruguay, Chile y Ecuador.

 

 

Consecuencias de la Crisis

 

Las consecuencias que produjo el tratamiento de la crisis fueron absolutamente trascendentales, hasta el punto que los historiadores más prestigiosos la responsabilizan directamente de la II Guerra Mundial. Las medidas económicas adoptadas en la mayoría de países produjeron un fraccionamiento de la economía mundial y un fuerte impulso de la autarquía.

 

Se constituyeron bloques monetarios liderados por EEUU, Francia y Gran Bretaña. La fragmentación del comercio mundial afectó de desigual forma a los grandes países. Mientras que Francia y Gran Bretaña pudieron reorientar su comercio hacia sus respectivos imperios coloniales -EEUU lo hizo hacia América Latina-, Alemania, Italia y Japón, por su parte, se volcaron en programas de rearme de gran alcance, en un contexto de tensiones crecientes en el sistema internacional.

 

Esta crisis marcó asimismo el fin de la ilusión acerca de la capacidad del capitalismo para autorregularse, dando paso, bajo distintas modalidades, a la intervención masiva y directa del Estado en los procesos económicos.

 

 

Consecuencias Sociales

 

El Paro constituye la primera y más terrible consecuencia de la gran depresión. En 1932 había en el mundo 40 millones de desempleados. En los Estados Unidos se calcula que el 63% de los trabajadores industriales estaban contratados a tiempo parcial, con lo que los salarios, ya de por sí bajos, se convertían en salarios de hambre. La juventud sufrió con mayor dureza aún esta situación, pues la búsqueda de un primer empleo sé hacia totalmente inútil y los centros docentes no podían soportar la prolongación de la escolaridad.

 

 

Descenso demográfico. Se produce por la disminución de la nupcialidad, la natalidad y las migraciones, unida al aumento de la mortalidad infantil y senil. Los distintos regímenes políticos establecieron distintas medidas demográficas para afrontar la crisis; las democracias liberales tendieron a restringir la natalidad para paliar los efectos sociales de la crisis (paro), mientras que los regímenes totalitarios, sobre todo el alemán, fomentaron el crecimiento de la población por razones ideológicas. En cuanto a las migraciones, los Estados Unidos se negaron a la entrada de emigrantes. 

 

Desigualdad en la estructura social. La crisis acentuó las desigualdades sociales, pues aunque se produjeron importantes quiebras en sus negocios, los patrimonios personales de los ricos no mermaron mucho, mientras que la depresión afectó de lleno a las clases medias y bajas.

La burguesía media y pequeña (rentistas, profesionales liberales, medianos y pequeños comerciantes) sufrieron de manera muy especial los embates de la crisis, empobreciéndose y proletarizándose. Muchos buscaron la solución en los fascismos.

Pero sobre quien más recayó el peso de la crisis fue sobre el proletariado.

 

 

Consecuencias Políticas

 

Puede decirse que a partir de 1930 se plantea una crisis de los partidos socialdemócratas, que tuvieron que transformar sus principios y preparar los planteamientos ideológicos que surgirían tras la Segunda Guerra Mundial. El triunfo del comunismo en Rusia y la creación de la III Internacional habían desplazado al socialismo a posiciones más moderadas; en la crisis estos partidos socialistas tuvieron que colaborar con el capitalismo y renunciar a algunas de sus conquistas sociales. De esta forma, la separación entre socialismo y comunismo se hace más manifiesta.

Pero la consecuencia política más importante de la crisis va a ser, sin duda, el auge que alcanzaron los movimientos fascistas y la ascensión de otro partido de este talante al poder: el Nacional-Socialista en Alemania.

 

 

Las Soluciones a la Crisis

 

Hubo una primera respuesta a la casi común a todos los países: la política deflacionista, que establece restricciones al crédito y a las importaciones. Esta política tenía como objetivo preservar el equilibrio de los intercambios exteriores y defender la moneda. Se ponen en marcha medidas proteccionistas: control de cambios y fijación de contingentes de importación.

 

Todas estas restricciones estaban condenadas al fracaso, pues eran difícilmente soportables en el ámbito social. La llegada de nuevos equipos al poder, que se dieron cuenta de la necesidad de cambiar de rumbo, propicia la devaluación de las monedas (con excepción de Alemania), así como el relanzamiento de la producción y el consumo gracias al crédito del Estado.

 

El carácter opuesto de estas dos medidas (deflación y devaluación) provocó la larga duración de la crisis. La falta de solidaridad entre las naciones perpetuó aún más la situación.

 

 

El Modelo Norteamericano. El New Deal

 

Tras el fracaso de la administración Hoover (1929-1933) para salir de la crisis, los demócratas ganan las elecciones presidenciales en la persona de Franklin D. Roosevelt, que implanta una política innovadora para reactivar el consumo y la inversión y, para erradicar los males que había padecido la economía norteamericana; se trataba del llamado New Deal.

 

 

En realidad hubo dos New Deal: el primero se refiere, a medidas económicas, mediante leyes elaboradas en la primavera de 1933; el segundo, a medidas sociales, a partir de 1935.

 

Estas son algunas de ellas:

En el campo de las finanzas. Se intentó enderezar la situación monetaria y crediticia, para ello:

  • Prohibición del atesoramiento y las exportaciones de oro.
  • Devalucaión del dólar con el fin de hacer subir los precios en le interior y favorecer las exportaciones.
  • Se toman una serie de medidas para proteger los depósitos bancarios (creación de un seguro sobre los depósitos bancarios) y evitar la concesión de créditos destinados a la especulación en la bolsa.
  • En el sector agrícola, a la política de almacenamiento iniciada por Hoover, Roosevelt añade la de limitación de cosechas. Mediante la Agricultural Adjustement Act se indemniza a los campesinos que reduzcan las superficies cultivadas. Con ello se persigue la disminución de excedentes, aunque no se logra del todo.

 

En el terreno industrial, se crea la National Industrial Recovery Act (NIRA). Con ella se pretendía organizar la intervención estatal en el ámbito industrial y establecer las reglas de juego de las empresas privadas con el fin de evitar la total libertad de mercado. Esta  impedía la libre competencia con el establecimiento de los “códigos” (convenios colectivos), que garantizaban unos beneficios mínimos a los empresarios y un salario justo a los trabajadores, reconociendo la libertad sindical y del sistema de contratación colectiva.

Además la NIRA favorecía la creación de monopolios, por lo que, al ser declarada inconstitucional en 1935, Roosevelt aprovechó para eliminarla y volver a la política anti-trust.

 

Se crea la TVA (Tennessee Valley Authority), empresa estatal encargada de construir presas, es decir, todo un programa de obras públicas en manos estatales.

 

Las medidas sociales del segundo New Deal iban encaminadas a la protección social del ciudadano; en especial de los desempleados y los ancianos. Se fijaba la jornada laboral máxima en 40 horas semanales y se abolía el trabajo de los niños.

 

En general, la burguesía americana rechazó el New Deal. En cambio, las masas obreras la apoyaban, lo que impidió que se constituyese en los Estados Unidos un partido comunista. Analizandolo con perspectiva se puede afirmar que si bien la política económica de Roosvelt no mejoró sensiblemente la situación de crisis, sí, al menos, contribuyó a hacerla menos mala.

 

 

El Crack del 29 y La Gran Depresión ha sido sin duda uno de los episodios económicos mas complejos y duros que ha pasado la sociedad en la historia moderna, tras años de estudio aun a día de hoy seguimos aprendiendo de ello, lo que está por ver es… “cuánto hemos aprendido”

El Crack de 1929 – La Gran Depresión

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